—Entonces prepárate para elegir: tu familia… o tu capricho.
Clavó los ojos en mí.
—Porque en esta familia, las oportunistas no duran.
En ese instante comprendí algo con una claridad dolorosa: salvar a mi hijo había sido difícil. Pero aprender a vivir bajo la sombra del apellido Beaumont sería otra batalla, más silenciosa y más larga.
La pregunta ya no era si yo estaba lista. Era si Alexandre estaría dispuesto a perderlo todo… por nosotros.
En conclusión, aquel golpe a una ventanilla en los Campos Elíseos cambió nuestro destino: primero nos dio una oportunidad de sobrevivir, después nos abrió una puerta a una vida nueva, y finalmente nos puso frente a una decisión que no se compra con dinero: elegir entre el deber impuesto y el amor elegido.
Continúa leyendo con «SIGUIENTE »»»