Ser diligente no es lo mismo que correr
Existe una diferencia entre ser eficaz y estar apurado. La persona diligente llega a tiempo porque ha calculado su paso, mientras que la persona apresurada llega tarde o agotada porque ha corrido sin orden.
Gracián propone que la excelencia en cualquier actividad requiere un ritmo pausado pero constante. Estar presente en cada momento permite que la intuición trabaje a favor. Cuando se hacen las cosas con atención, el resultado es sólido; cuando se hacen con prisa, el resultado es siempre frágil.
Busca un punto de equilibrio
Bajar un poco la velocidad de tus reacciones es un acto de respeto. No se trata de ignorar tus responsabilidades o de volverte una persona lenta por falta de interés. Significa decidir que ninguna tarea merece el sacrificio de tu claridad mental. Hacer una pausa de unos segundos antes de actuar ayuda a que el ruido exterior disminuya, devolviéndote la capacidad de elegir tus respuestas en lugar de simplemente reaccionar a los estímulos.
Además, elegir la prudencia frente al atropello evita que los problemas pequeños se conviertan en torpezas encadenadas por la falta de presencia. Por lo tanto, la calma no es inactividad; es la base sobre el cual se construye un criterio sólido con decisiones más conscientes.
Comienza con algo simple. Cuando recibas una notificación en el móvil, no la abras de inmediato. Detente, respira una vez y termina lo que estabas haciendo. Ese pequeño intervalo de unos segundos te devuelve la sensación de control sobre tu propio tiempo.
Continúa leyendo con «SIGUIENTE »»»