Alrededor de los cincuenta años, muchas mujeres notan cambios en su figura, sobre todo en el abdomen, a menudo sin que ello implique ningún cambio en su estilo de vida. Este fenómeno, vinculado en particular a los efectos de la menopausia y los cambios hormonales, se explica por la redistribución de la grasa y la disminución de la masa muscular.
Para mantener un vientre plano después de los 50, ya no se trata solo de “hacer abdominales”, sino sobre todo de cambiar ciertos hábitos que ralentizan el metabolismo y favorecen la acumulación de grasa visceral (la que se acumula alrededor de la cintura).
Al llegar a los cincuenta, muchas mujeres se sorprenden al notar cambios en su abdomen, incluso sin modificar su dieta ni su actividad física. Este fenómeno puede parecer injusto y, a veces, desalentador. Pero, ¿y si esta transformación no se debiera únicamente a lo que comemos o a la falta de esfuerzo? Antes de buscar soluciones rápidas, es fundamental comprender qué sucede en el cuerpo durante esta etapa crucial de la vida.
Con la llegada de la menopausia , muchas mujeres notan un cambio en su figura, incluso sin grandes modificaciones en su estilo de vida. El peso puede mantenerse estable, pero la distribución de la grasa se modifica. Según los especialistas en salud femenina, la disminución de estrógenos conlleva una mayor acumulación de grasa en la zona abdominal, mientras que antes se concentraba más en las caderas. Simultáneamente, la masa muscular disminuye gradualmente, lo que favorece la presencia de tejido adiposo. Este doble mecanismo explica en gran medida la llamada “barriga menopáusica”, a menudo difícil de comprender y aceptar. Este cambio es gradual y puede comenzar ya en la perimenopausia sin ser inmediatamente perceptible en la vida diaria.
Aquí tienes dos errores comunes que debes eliminar:
1. Cenar con exceso de carbohidratos refinados
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