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Mis vecinos extranjeros me dieron esto mientras me deseaban una buena comida.

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Cuando mis vecinos me dieron una bolsa y me desearon buen provecho, no esperaba encontrar dentro objetos oscuros y duros como piedras. Sin embargo, efectivamente era comida.

Pensaba que iba a recibir una comida casera sencilla. Pero cuando mis vecinos me entregaron una bolsa y me dijeron «¡Buen provecho!», no me imaginaba lo que encontraría dentro. Objetos oscuros y duros, casi como piedras. Sin olor, sin aspecto apetitoso… Y, sin embargo, era comida. Una historia asombrosa que demuestra lo  diferentes que pueden ser los hábitos alimenticios  de un país a otro.

Un regalo sorprendente de vecinos extranjeros

Todo comenzó con una escena muy sencilla. Mis vecinos, con quienes me comunicaba solo unos saludos en el ascensor, llamaron a mi puerta con una bolsa de comida. Sonrisas, gestos amables, unas pocas palabras con acento extranjero y esta frase: “Buen provecho”.

Fue un gesto amable, pero al mirar dentro de la bolsa, la sorpresa fue total. Dentro había objetos oscuros, duros y fríos, casi como pequeñas piedrecitas o fósiles. Nada que se pareciera a comida común.

Mi primera reacción fue de desconfianza. ¿De verdad es comestible? ¿Cómo se come? ¿Hay que cocinarlo? ¿Hay que guardarlo en el refrigerador? Muchas preguntas y cierta indecisión.

Cuando un alimento desconocido da miedo

Esta es una reacción perfectamente normal. Cuando no reconocemos un alimento, sobre todo si no se parece a nada familiar, podemos sorprendernos e incluso preocuparnos. La comida forma parte de nuestras costumbres culturales, y cualquier cosa fuera de lo común puede parecernos extraña.

A algunas personas no les gusta probar comidas nuevas simplemente porque no se parecen a las que están acostumbradas. Sin embargo, en muchos países, alimentos que nos parecen extraños son en realidad muy comunes.

Eso es exactamente lo que me pasó en esta historia.

Descubrimiento a través de Internet

Sin saber qué hacer, decidí buscar en Internet. Con una foto, una descripción, la forma, el color… y después de un rato de búsqueda, encontré la respuesta.

En realidad eran castañas de agua.

Un alimento muy común en varios países asiáticos, que se usa a menudo en salteados, ensaladas o incluso se consume crudo. Contrariamente a lo que sugiere su nombre, no es una castaña como las que se comen en invierno, sino una verdura crujiente que crece en el agua.

Un alimento extraño pero muy popular.

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