Algunos hombres justifican sus infidelidades como una necesidad de respiro. No rechazan la relación, sino que sienten cierto cansancio o monotonía. En su opinión, no se trata de huir ni de romper, sino de tomarse un respiro, una especie de «pausa emocional» para recuperar algo de ligereza.
Este comportamiento, por torpe o confuso que sea, no siempre es señal de falta de amor, sino más bien de una inquietud pasajera o un desequilibrio interno que intentan llenar externamente.
Una búsqueda de sentido… que no lleva a ninguna parte.

A veces, estos hombres no están distanciados de su pareja, sino de sí mismos. Secretamente, esperan que un cambio externo les traiga paz interior. Una especie de búsqueda de realización personal que a menudo culmina en una dolorosa pero reveladora constatación : el problema no era la otra persona .
Entonces se dan cuenta de que su pareja sigue siendo la persona que mejor los conoce, con quien comparten una historia, recuerdos y, a menudo, planes de vida profundamente arraigados.